{"id":10375,"date":"2024-05-27T09:58:05","date_gmt":"2024-05-27T07:58:05","guid":{"rendered":"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/?p=10375"},"modified":"2024-11-08T09:30:12","modified_gmt":"2024-11-08T08:30:12","slug":"27-de-maig-de-1839-a-ripoll-un-abans-i-un-despres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/general\/27-de-maig-de-1839-a-ripoll-un-abans-i-un-despres\/","title":{"rendered":"27 de maig de 1839 a Ripoll.  Un abans i un despr\u00e9s."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-10376 alignleft\" src=\"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large-300x224.jpg\" alt=\"Gravat al\u00b7lusiu a la destrucci\u00f3 de Ripoll pels carlins el maig de 1839. Publicat a Panorama espa\u00f1ol IV, p\u00e0gina 201.\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large-300x224.jpg 300w, https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large-768x573.jpg 768w, https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large-200x150.jpg 200w, https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Quan es repassa la hist\u00f2ria de Ripoll no es pot obviar de cap manera els fets ocorreguts el 27 de maig de 1839. Com b\u00e9 diu el Sr. Antoni Llagostera en el seu blog, aquesta data suposa el trencament amb la poblaci\u00f3 que va veure n\u00e9ixer un monestir el segle IX, i l&#8217;inici de la nostra viv\u00e8ncia actual.\u00a0 Aquest dia acaba una setmana llarga on la vila de Ripoll fou assetjada pels carlins, comandats pel general Conde de Espa\u00f1a, i un cop conquerida convertida en un desert, tots els homes que vivien aleshores a Ripoll foren fets presoners i enviats a presidi i les dones, vells i nens foragitats de la vila.\u00a0 La vila que va ren\u00e9ixer des de 1840 no tenia res a veure amb la poblaci\u00f3 anterior.\u00a0 La commemoraci\u00f3 de la fi del setge de l&#8217;ex\u00e8rcit carl\u00ed transita entre el record de la defensa de Ripoll.\u00a0 Avui, com cada 27 de maig se celebra a Ripoll i es fa una crida a no repetir mai m\u00e9s el dolor de les guerres.<\/p>\n<p>Per viure-ho m\u00e9s d&#8217;aprop no hi ha un testimoni m\u00e9s esfere\u00efdor que el testimoni d&#8217;Agust\u00ed Cavalleria i Deop que en aquell moment tenia tan sols 8 anys.\u00a0 Aquest fragment de diari ens fa viure des de dins les atrocitats de la guerra.\u00a0 Creiem que no hi ha res m\u00e9s significatiu per un alumne de prim\u00e0ria, per\u00f2 segurament tampoc per un adult, que la redacci\u00f3 en primera persona dels fets ocorreguts durant aquells dies per un nen de la seva mateixa edat.\u00a0 Copiem aquest fragment de El <i>Libro de memorias<\/i>\u00a0de Agust\u00ed Caballer\u00eda i Deop, comen\u00e7at a escriure el 9 de abril de 1867:<\/p>\n<p><i><span lang=\"ES\">\u201cContando ya la edad de 8 a\u00f1os, 5 meses, ocurri\u00f3 el memorable sitio que las huestes carlistas al mando del ex\u00ad-Conde de Espa\u00f1a pusieron a esta villa el d\u00eda 20 de mayo de 1839, durante cuyo sitio los habitantes de esta villa se defendieron heroicamente con la esperanza de un auxilio que no lleg\u00f3. La fuerza armada que en ella hab\u00eda, era asaz escasa para resistir el continuo tiroteo, bombardeo y tentativas de asalto del enemigo, cuyo contingente no bajaba de cinco mil hombres, pues aquella de compon\u00eda solamente de una compa\u00f1\u00eda incompleta del regimiento de Zamora y de unos cincuenta milicianos nacionales, que rendidos por el sue\u00f1o y la fatiga, ya no pod\u00edan prolongar por m\u00e1s tiempo su temeraria, cuanto heroica resistencia. Varias familias acomodadas de las que encerraba la poblaci\u00f3n en su recinto, se iban todas las noches a dormir en la iglesia parroquial de San Pedro, convertida en verdadero campamento y en donde se sent\u00edan m\u00e1s seguras en el caso de que los sitiadores intentasen con buen \u00e9xito alguno de los varios escalamientos que por la noche tantearon durante aquellos aciagos y eternos d\u00edas. All\u00ed est\u00e1bamos tambi\u00e9n nosotros en el altar de la Virgen del Rosario; all\u00ed pas\u00e1bamos el tiempo con mis hermanas, si bien con buen apetito y tranquilo sue\u00f1o, porque nuestra poca edad no nos permit\u00eda calibrar toda la gravedad de nuestra triste situaci\u00f3n y la suerte que tal vez nos aguardaba al fin de la jornada. Amaneci\u00f3 el d\u00eda 27 y con \u00e9l el temor de ser pasados todos a cuchillo, aguardando aquel terrible momento los pac\u00edficos habitantes de esta villa con ejemplar y cristiana resignaci\u00f3n. Los sitiadores hab\u00edan concentrado sus fuerzas y colocado sus bater\u00edas en el sitio llamado\u00a0<\/span><\/i><span lang=\"ES\">Creu de can Quimet<i>, desde cuyo punto con sus frecuentes y certeros disparos lograron abrir un boquete en el edificio o antigua cada consistorial, sita en la plaza. Esta fue para los sitiados la p\u00e9rdida de toda esperanza; se replegaron las pocas fuerzas que hab\u00edan podido resistir a tanta fatiga y corrieron a encerrarse con los dem\u00e1s en la iglesia parroquial, dispuestos todos a vender caras sus vidas. Llegados all\u00ed, se construy\u00f3 inmediatamente un parapeto detr\u00e1s de la puerta principal con las piedras y losas de la escalera y de las tumbas junto con algunos saquitos que de antemano se hab\u00edan rellenado de arena, previendo los sitiados este caso. Entretanto la sitiadores hab\u00edan asaltado ya y diseminados por las calles comenzaban a entregarse al pillaje y saqueo de las casas, asesinando b\u00e1rbara y cobardemente a sus indefensos y aturdidos moradores sin distinci\u00f3n de edad ni sexo, pues ciegos de ira y coraje, no les hac\u00eda mella ni el adem\u00e1n suplicante de los ancianos, ni la desesperaci\u00f3n de las madres que ve\u00edan arrancar de sus brazos a sus hijos de pecho para verlos luego enarbolados con la punta afilada de sus bayonetas. (Yo presenci\u00e9 un hecho de tan salvaje cinismo). Mientras suced\u00eda fuera de la iglesia tan horrible episodio, los que estaban dentro no hac\u00edan m\u00e1s que prolongar la mortal angustia en que les ten\u00eda sumidos la temeraria resistencia del comandante de armas don J. Carb\u00f3 (<\/i>Frisa<i>) que no quer\u00eda rendirse, siendo de todos punto infructuosos los ruegos y l\u00e1grimas de su misma esposa que se lo imploraba de rodillas en nombre de tantos como nos hall\u00e1bamos en aquel sagrado recinto. Cedi\u00f3 por \u00faltimo a las amenazas que se le hicieron de darle muerte para entrar despu\u00e9s en una capitulaci\u00f3n con los sitiadores a quienes ve\u00edamos ya arrimados a las paredes del templo, blandiendo el pu\u00f1al homicida y amenaz\u00e1ndonos de muerte, si no nos rend\u00edamos a discreci\u00f3n\u201d.<\/i><\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>\u201cAs\u00ed se resolvi\u00f3 hacerlo, ya que era completamente in\u00fatil toda resistencia, despu\u00e9s de haber convenido en las condiciones de la capitulaci\u00f3n que fueron: 1\u00ba Perdonar la vida a todos los sitiados a excepci\u00f3n de tres p cuatro que hab\u00edan pertenecido a sus filas y que fueron b\u00e1rbaramente asesinados y 2\u00ba que todos los varones aptos para el servicio de las armas deb\u00edan constituirse en prisioneros de guerra. Aceptadas estas condiciones, vino inmediatamente mi padre a darnos su \u00faltimo adi\u00f3s porque cre\u00edan ser todos fusilados en la traves\u00eda; y pocos momentos despu\u00e9s se abrieron las puertas del templo para dar libre entrada a los sitiadores. Mi padre fue a reunirse con los dem\u00e1s de su clase que deb\u00edan inmediatamente marchar a Berga en clase de prisioneros; y mi madre sali\u00f3 de la iglesia con mis dos hermanos Florentina y Mar\u00eda de los Dolores, pensando venir luego a buscarnos a mi y a mi hermana menor Eudalda que hab\u00edamos quedado all\u00ed con mi t\u00eda paterna do\u00f1a Eudalda caballer\u00eda y Corriols. Pero como a proporci\u00f3n que iban saliendo de la iglesia las mujeres, las deten\u00edan en el cementerio contiguo y all\u00ed les despojaban de sus joyas y dem\u00e1s prendas que excitasen su codicia, no pudo mi madre venir otra vez a buscarnos, y extra\u00f1ando mi referida t\u00eda su tardanza, sali\u00f3 asimismo de la iglesia, en donde quedamos yo y mi hermana que solo contaba la edad de seis a\u00f1os. All\u00ed era todo confusi\u00f3n y griter\u00eda y empujones y en tan cr\u00edtica situaci\u00f3n y a pesar de nuestra poca edad (la m\u00eda era la de 8 a\u00f1os) resolvimos tambi\u00e9n abandonar aquel sitio en donde tanto peligraba nuestra vida; pero apenas hab\u00edamos bajado la escalera, desapareci\u00f3 de mi lado mi hermana; que habiendo divisado a mi madre y dem\u00e1s de la familia fuera de la muralla contigua a la iglesia, hab\u00eda ido (sin decirme nada) a reunirse con ella, pasando por entre la caballer\u00eda que estaba all\u00ed agrupada y en completo desorden. Encontr\u00e9me, pues, enteramente solo y resolv\u00ed irme a casa, pero no lo verifiqu\u00e9 en atenci\u00f3n a haberme visto en aquel momento la mujer de Francisca de As\u00eds Puig alias Taya, que hac\u00eda algunos a\u00f1os estaba en cama tullida y a duras penas pod\u00eda andar con la ayuda de muletas y me hizo permanecer con ella. Tomamos ambos la calle de San Pedro y al llegar frente la casa de Rocafiguera, no detuvieron al grito de \u201calto; el dinero o la vida\u201d, rob\u00e1ndole a ella lo que ten\u00eda y a mi la gorra que llevaba puesta. En esto y viendo yo que aquella mujer no pod\u00eda andar corr\u00ed a abrazarme con otra conocida que era Mar\u00eda Rovira y Franquesa la que me tom\u00f3 de la mano y segu\u00ed con ella hasta la plazuela den Dama, en donde se la llevaron unos cuantos por un callej\u00f3n que hay all\u00ed, qued\u00e1ndome yo segunda vez solo. Adelant\u00e9 algunos pasos en la misma calle de San Pedro y me encontr\u00e9 con dos ni\u00f1as de mi edad que eran Teresa y Eudalda Maideu y Pag\u00e9s, que extraviadas, como yo de su familia, buscaban llorando a sus padres. En aquel mismo momento, vimos salir de una casa frente de la suya a tres o cuatro de aquellos caribes, corriendo detr\u00e1s de un paisano\u00a0 a qui\u00e9n asesinaron cobardemente en nuestra presencia. Segu\u00ed s\u00f3lo por la misma calle y a muy poca distancia presenci\u00e9 los efectos de otro asesinato, pues en un mostrador de piedra colocado en el interior de una casa que hoy posee Francisco Alib\u00e9s, vi tendido el cad\u00e1ver de don Jos\u00e9 Claret que hab\u00eda casado con una t\u00eda paterna de mi padre y por consiguiente pod\u00eda considerarse de la familia. A pesar de que mi corta edad no me permit\u00eda reflexionar ni medir la inmunidad del peligro que estaba corriendo, experiment\u00e9 entonces una inexplicable emoci\u00f3n, debida sin duda al cuadro que se ofrec\u00eda a mi vista y al terrible espect\u00e1culo que acababa de presenciar con la muerte violenta del aquel infeliz que me parece era el conocido por Onclet\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>\u201cSegu\u00ed mi camino por la misma calle y doblando luego por la del Mercaders para salir a la plaza nueva, tropec\u00e9 con el cad\u00e1ver de mi prima hermana Ana Monta\u00f1\u00e1 Y Deop, consorte de don Miquel Caballer\u00eda y Franc\u00e1s, que fue degollada en el dintel de la puerta de su misma casa, despu\u00e9s de haberla abierto ella misma a sus feroces asesinos. Al contemplar aquella fesomia que ten\u00eda tan conocida y el charco de sangre que hab\u00eda a su alrededor, qued\u00e9 pose\u00eddo de un espanto mortal y no acertaba a dar un paso; pues entonces comprend\u00ed de lleno el grave peligro que me rodeaba andando solo por las calles y expuesto continuamente al furor de aquella turba desenfrenada que, sedienta de sangre y de oro, iba ejecutando su premeditado plan de venganza, saqueo y exterminio. La vista de aquel cad\u00e1ver, que era el de una persona querida, me ten\u00eda inm\u00f3vil y en esta situaci\u00f3n presenci\u00e9 el escandaloso acto de una mujer perdida que con inexplicable sarcasmos y atrevimiento, despoj\u00f3 de su vestido a la que all\u00ed yac\u00eda muerta, y se lo llev\u00f3. Pas\u00e9 delante siguiendo por la plaza nueva calles del padro y de do\u00f1a Estasia y al entrar en la calle de San Jaime, top\u00e9 con un grupo de tres o cuatro asesinos que envistrando la afiliada lanza que llevaban todos me mandaron con voz imperiosa me arrodillara y rezara el Credo. Me arrodill\u00e9 y vertiendo amargas l\u00e1grimas, comenc\u00e9 a rezar aguardando el momento de ser atravesado por cuatro lanzas que ten\u00eda apuntadas en mi pecho. Pero la providencia no permiti\u00f3 fuese yo otras de las v\u00edctimas inmoladas en aquella tremenda tarde y me dispar\u00f3 un salvador; pues en el instante mismo en que deb\u00eda ser asesinado, veo venir corriendo desde la plaza de los cerdos y por la calle de do\u00f1a Estasia a un hombre gritando \u201cno mat\u00e9is a este ni\u00f1o, que quiero salvarle la vida\u201d. Era aquel el asistente de un jefe del ej\u00e9rcito carlista que hab\u00eda estado alojado en mi casa cuando en el a\u00f1o de 1837 hab\u00eda entrado en esta villa, despu\u00e9s de una capitulaci\u00f3n la divisi\u00f3n mandada por el general Urbiztondo y me hab\u00eda conocido, no obstante haber transcurrido dos a\u00f1os. Fu\u00e9, pues, verdaderamente providencial mi\u00a0 salvaci\u00f3n, despu\u00e9s del grave peligro que hab\u00eda corrido con mi improcedente paseo por las calles y no lo cost\u00f3 poco trabajo a mi salvador arrancarme de las manos de aquellos verdugos que de todos modos quer\u00edan quitarme la vida. Dejaronme por fin despu\u00e9s de las repetidas s\u00faplicas y esfuerzos de aquel asistente, qui\u00e9n, a instancia m\u00eda, me acompa\u00f1\u00f3 a mi casa. Subimos por la escalera del primer piso y lo primero que se ofreci\u00f3 a mi vista fue el cad\u00e1ver de un hombre tendido en medio de la sala principal, boca abajo y anegado en su propia sangre. Pasamos adelante despu\u00e9s de haber observado descerrajado y entramente vaci\u00f3 el guardarropas: entramos en la cocina y encima del banco con respaldo que hab\u00eda en la misma, estaba tendido y muerto otro sujeto, a qui\u00e9n no conoc\u00ed y a su lado, muerto tambi\u00e9n un cachorro blanco perdiguero que, fiel a su due\u00f1o, no hab\u00eda querido abandonar nuestra casa sin embargo de no haber en ella ninguno de la familia. Entramos en el cuarto del terrado inmediato a la cocina y dentro de la cama vimos otro cad\u00e1ver que me pareci\u00f3 ser el de un individuo de ,a llamada \u201cPatulia\u201d de Olot que estaba completamente ebrio cuando nosotros hab\u00edamos corrido a recogernos en la iglesia. Yo iba siguiendo las dependencias de la casa, acompa\u00f1ado siempre del asistente y convencido de que era in\u00fatil y sumamente peligroso quedarme en ella, le supliqu\u00e9 me acompa\u00f1ase hasta la casa de mi madre que era la m\u00e1s pr\u00f3xima a la iglesia de San Pedro, cre\u00eddo de que en ella encontrar\u00eda a alguno de mi familia\u201d.<\/em><\/p>\n<p><i><span lang=\"ES\">&#8220;En el instante mismo de estar en la calle, presenci\u00e9 otra escena horripilante, pues en aquel mismo momento o\u00ed los gritos desgarradores de una mujer vecina a la que sin duda quer\u00edan asesinar y cuando, huyendo de sus asesinos, apenas hab\u00eda podido ganar la puerta de la calle, cay\u00f3 ex\u00e1nime, al terrible golpe de un hachazo que le parti\u00f3 verticalmente la cabeza, habiendo sido tan instant\u00e1nea su muerte que ni tiempo tuvo para exalar un gemido. Volv\u00ed la vista aterrado y en el dintel de la puerta de la casa contigua a la nuestra v\u00ed tendido a un pobre pobre oficial de chapucero que ten\u00eda una bayoneta clavada en el cr\u00e1neo y yac\u00eda muerto a poca distancia de su amo llamado \u201cNasi Perramon\u201d que hab\u00eda sido tambi\u00e9n asesinado. Seguimos adelante y llegados a la casa de mi madre, viendo que estaba abierta la puerta de la bodega, observ\u00e9 un gran charco de vino a consecuencia de haber echado a peder las cubas que lo conten\u00edan; y habi\u00e9ndome este hecho comprender que tampoco encontrar\u00eda all\u00ed a ninguno de mi familia, no tuve valor para subir la escalera y me qued\u00e9 sin saber que rumbo seguir. Las terribles escenas que hab\u00eda presenciado, los muchos cad\u00e1veres conocidos y desconocidos que hab\u00eda visto, lo que a mi mismo me hab\u00eda sucedido cuando la providencia acudi\u00f3 a mi auxilio envi\u00e1ndome aquel sujeto que me salv\u00f3 la vida, me ten\u00edan azorado y fuertemente asido a mi acompa\u00f1ante, no sab\u00eda ni andar, ni desprenderme de \u00e9l, hasta que oyendo un toque de corneta, me dijo le era absolutamente preciso dejarme, pero que me acompa\u00f1ar\u00eda a la iglesia de San Eudaldo, pues dej\u00e1ndome all\u00ed, morir\u00eda asesinado. Yo le ped\u00eda llorando que no me abandonara, pero me contest\u00f3 que deb\u00eda ir luego a la formaci\u00f3n y no hubo m\u00e1s remedio que dejarme conducir a dicha iglesia en la que me dej\u00f3, prometi\u00e9ndome\u00a0 que volver\u00eda a buscarme. All\u00ed estaban reunidos algunas pobres mujeres, heridas de m\u00e1s o menos gravedad y algunas casi desnudas porque les hab\u00edan arrebatado los pa\u00f1uelos. Entre ellas hab\u00eda una t\u00eda de mi madre llamada Eudalda Fossas, ya septuagenaria que al reconocerme, me estrech\u00f3 entre sus brazos con toda la efusi\u00f3n de su alma. All\u00ed aguard\u00e1bamos todos nuestro \u00faltimo momento, toda vez que otra cosa no pod\u00eda esperarse atendidos los asesinatos cometidos y que se iban cometiendo\u00a0 cuando de imporviso entraron algunos desalmados que con voz estent\u00f3rea nos mandaron marcharnos inmediatamente, porque iban a pegar fuego a las casas. Resolvi\u00f3 entonces mi buena t\u00eda marchar a la ventura conmigo y otra mayor muy conocida de casa llamada Rosa Anrich; me dio a llevar un pan debajo del brazo y una colcha de lana que coloc\u00f3 encima de mi cabeza y echamos a andar calle arriba de San Pedro en tanto que la casa de Manuel Serra, conocido por Xim\u00f3s estaba ya ardiendo. Rodeados continuamente del peligro de perder la vida y comenzando ya a declinar el sol. Llegamos a la muralla y puerta llamada de San Pedro, observando en el tr\u00e1nsito de la calle varias piezas de ropa, indicio cierto de saqueo que se llevaba a efecto. Acabamos apenas de doblar la esquina de la llamada subida de San Pedro para seguir por el camino de Campdev\u00e0nol que nos detuvieron a la voz de \u201cAlto: el dinero o la vida\u201d, y all\u00ed nos robaron el pan que tra\u00eda despu\u00e9s de habernos registrado con escrupulosa atenci\u00f3n y quedar convencidos de que no ten\u00edamos dinero. Seguimos nuestro camino con exposici\u00f3n continua de perder la vida y poco falt\u00f3 para que esto sucediera por un hecho puramente casual, pues en el momento mismo de haber pasado por debajo del puente de la casa-f\u00e1brica llamada de Barrera, se desplom\u00f3 consumido por las llamas. A poca distancia nos encontramos con otro grupo, cuyos individuos parec\u00edan empe\u00f1ados en una disputa tal vez, como yo lo comprendo, para apoderarse los unos del dinero y alajas que los otros hab\u00edan ya robado; salieron a relucir pu\u00f1ales y cuchillos y la disputa fue sin duda causa de que no se apercibiera de nosotros aquella gente, pues nada nos dijeron\u201d.<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span lang=\"ES\">\u201cLlegamos al manso Xacons y enfrente de una peque\u00f1a capilla que hab\u00eda en el camino, topamos con otro grupo que nos detuvo bruscamente a la misma voz de \u201cel dinero o la vida\u201d, a\u00f1adiendo que si no se los d\u00e1bamos todo, nos matar\u00edan a todos y que yo ser\u00eda el primero. Mi buena t\u00eda contest\u00f3 que ya otros nos hab\u00edan hecho dar cuanto ten\u00edamos, nos registraron escrupulosamente, dieron un tremendo empuj\u00f3n a aquella anciana que fue a dar de espaldas contra una roca y nos dejaron. All\u00ed, me parece, dej\u00e9 la colcha de llevaba y a pocos paso de distancia y por el puente de madera del llamado martinet del Sant, vimos venir hacia nosotros a algunos carlistas que se dirig\u00edan a esta villa para aprovecharse sin duda del bot\u00edn y con ellos iba el alba\u00f1il llamado Juan Pujol (a) Joan de Oix, \u00edntimo amigo de mi familia y que habitaba y habita en el d\u00eda la casa contigua a la nuestra. Al reconocerme, se me acerc\u00f3 y me dijo nos fu\u00e9semos al manso Surribas que \u00e9l vendr\u00eda despu\u00e9s. As\u00ed lo hicimos, pues ya anochec\u00eda y al entrar en la casa que estaba completamente llena de individuos del ej\u00e9rcito sitiador, me sobrecogi\u00f3 un terror extraordinario que me oblig\u00f3 a decir en alta voz que aquella noche quer\u00eda acostarme con los due\u00f1os o mejor colonos de aquel manso. La mujer del colono Jos\u00e9 Casamira llamada Paula Colomer me tom\u00f3 de la mano, me hizo entrar en un aposento en que no hab\u00eda nadie, encarg\u00e1ndome me estuviera quieto y guardara silencio, pues aquella turba hab\u00eda ya reparado en m\u00ed y corr\u00eda alguna exposici\u00f3n. As\u00ed lo hice; vino la hora de la cena que me trajo aquella buena mujer y pas\u00e9 la noche en un continuo insomnio. A la ma\u00f1ana siguiente, lo primero que se me ocurri\u00f3, como era muy natural, fue preguntar por mi madre, cuyo paradero ignoraba: no cesaba un momento de llorar, pues si se deja comprender perfectamente la tristeza de que estaba pose\u00eddo despu\u00e9s de tantos sustos y congojas. Aquellos colonos me prodigaban sus cuidados, procuraban distraerme de varias maneras, haci\u00e9ndome ir con el pastor en busca de nidos de p\u00e1jaros y en una palabra procuraban hacerme olvidar la posici\u00f3n en que me encontraba, separado de mi familia, cuyo paradero ignoraban. As\u00ed pasaron tres d\u00edas y entonces supo mi madre donde me encontraba y lo supo con verdadera satisfacci\u00f3n, pues le hab\u00edan dicho y era de creer en atenci\u00f3n a todo lo sucedido, que me hab\u00edan asesinado pocos momentos despu\u00e9s de haber salido de la iglesia. Vino un hombre a buscarme y me acompa\u00f1\u00f3 al manso llamado Casadesus en donde abraz\u00e9 a todos los individuos de mi familia (exceptuando mi padre, prisionero) qui\u00e9nes por especial favor de Dios hab\u00edan podido, como yo, salvar la vida. All\u00ed estuvimos nueve d\u00edas,\u2026\u201d.<\/span><\/i><\/p>\n<p>Com ho podem treballar amb els alumnes?\u00a0 Segurament, despr\u00e9s de la lectura ja se us han ocorregut molt\u00edssimes idees per fer amb els alumnes o al centre, per\u00f2 potser la primera hauria de ser fer una lectura detenidament i que els alumnes pogu\u00e9sin expressar els seus sentiments pensant amb aquell nen i amb altres ciutadans de Ripoll, per llavors extrapolar aquest relat a altres guerres que malauradament hi ha avui dia arreu del m\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/wp-content\/uploads\/usu1377\/2024\/05\/Ripoll-1839-Aqui-fue-Ripoll-Panorama-espanol-III-p202-Large.jpg\"><\/a><br \/>\nQuan es repassa la hist\u00f2ria de Ripoll no es pot obviar de cap manera els fets ocorreguts el 27 de maig de 1839. Com b\u00e9 diu el Sr. Antoni Llagostera en el seu blog, aquesta data suposa el trencament amb la poblaci\u00f3 que va&hellip;  <a href=\"https:\/\/serveiseducatius.xtec.cat\/cda-ripolles\/general\/27-de-maig-de-1839-a-ripoll-un-abans-i-un-despres\/\" title=\"Read 27 de maig de 1839 a Ripoll.  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